Ensayo III: Sobre el fracaso

No hay mayor temor para un escritor que perder sus palabras, como no hay mayor temor para un artesano que perder su herramienta. Por eso los escritores nos enamoramos del fracaso, porque en él existen paz y calma; en él no habita mujer capaz de quitarnos el habla, o situación que enmudezca a la misma literatura.

Allí todo es previsible. Los sueños, y los delirios de grandeza campan a sus anchas, ayudándonos a soñar despiertos, para después aterrizar de nuevo sobre el estiércol.

El inconformismo inherente al escritor es su vía de no-escape de las fauces de tan odiado y necesario compañero de viaje. Constantemente, nuevas ideas brotan en la cabeza, borrando automáticamente las anteriores, y obligándonos así a dejar todo a medias.

Es una maldición necesaria, en ella reside nuestro encanto, nuestra virtud y nuestro secreto....




...y a pesar de todo, seguimos soñando con el éxito...