Si los secretos de la vida fueran fáciles de hallar, la propia vida moriría. Es por ello que durante tanto tiempo busqué la Felicidad.
La he buscado en cada rincón de la misma vida.
Primero, pensé que estaría entre las piernas de muchas mujeres. Hasta que descubrí que no, está más próxima al corazón de una única mujer. Afortunadamente, tuve ocasión de conocer, valorar y, en ocasiones comprender a esa mujer.
También la he buscado en los pequeños detalles: El primer cigarro de la mañana. En los cinco minutos desde que suena el despertador, hasta que te levantas, esos en los que no estás ni despierto ni dormido y, Pereza y Responsabilidad luchan en una cruenta batalla por afrontar un nuevo día, o permanecer para siempre en ese limbo cálido y agradable. Pero la Felicidad no puede ser tan efímera, y ha de ser posible compartirla, de lo contrario ¿Para qué la buscamos?
Con el tiempo, supuse que una estabilidad laboral, social y emocional sería mi respuesta. Pero, una vez las encontré, descubrí que, donde unos ven estabilidad, mis ojos solo saben ver rutina y hastío. No podía ser, Felicidad debe ser trepidante, indomable y díscola, como los rápidos de un río o una joven quinceañera.
La búsqueda anterior, me llevó a la conclusión de que estuviera en vivir alocadas aventuras, fiestas salvajes y situaciones límite. Pero cuando te encuentras en los rápidos del río, añoras el estanque calmado y paciente.
Seguí buscándola hasta que, en un momento dado, advertí un detalle que había pasado por alto. Si nunca he conocido a Felicidad…¿Cómo sabré reconocerla? ¿Es posible encontrar algo que no sabes cómo es? Decidí reestructurar mi estrategia. Retrasar su búsqueda y centrarme en su comprensión. Sabía que si la comprendía, sería más fácil de encontrar.
No fue hasta entonces, querido lector, que la encontré. Descubrí que, para unos está entre las piernas de cientos de mujeres, para otros en el corazón de una; algunas personas la ven en los pequeños detalles, otras en la estabilidad o en trepidantes aventuras. Está dentro de cada uno de nosotros y fuera, alrededor de los demás; en tus creaciones y en las del resto. La felicidad es algo intrínseco a la vida. Donde hay vida, hay felicidad, solo tienes que aprender a verla, no darte por vencido. Porque quienes se dan por vencidos en su búsqueda, renuncian a ella, sepultándola así en una honda fosa que, cuanto más tarden en darse cuenta, más ardua será la tarea de desenterrarla posteriormente.